Nota diario "El Codillerano"
El contrato que ganó Invap en Australia
significa no sólo trabajo para numerosos vecinos barilochenses.
También le aportó a la empresa la experiencia para
conquistar nuevos negocios de magnitud.
En 2000, cuando Invap ganó una licitación internacional
por 180 millones de dólares (la exportación unitaria
más significativa de la Argentina), pocos pensaron en la
repercusión social y económica de ese negocio en
una comunidad como la de Bariloche.
Recién hoy, cuando el emprendimiento encara su segunda
mitad, es posible medir eso en nuestra ciudad, aquejada por cinco
años de recesión y por un 2001 que pegó aquí
con lo peor de su crisis.
Justo en pleno bajón nacional, cuando ni el turismo acarreaba
oxígeno para Bariloche, Invap tenía para festejar.
Había ganado un concurso internacional compitiendo con
los más grandes del mundo en el tema y tenía por
delante un desarrollo que daría mucho más que los
dólares comprometidos en la compulsa.
Hoy la empresa tiene trabajando a 150 personas en ese emprendimiento.
Todas, desde administrativos y soldadores hasta ingenieros nucleares,
fueron adquiriendo una notable capacitación.
Cuando firmaron el contrato, debieron llamar a 40 trabajadores
(con distintas especializaciones) que habían quedado cesantes
diez años atrás, cuando Invap realizó una
traumática reducción de personal.
Además, la empresa en sí misma está capitalizándose
en el valor agregado más importante de la economía
actual: el "know how". Es el conocimiento de cómo
hacer -en este caso- un reactor, con su diseño y su desarrollo
de obra civil; sus computadoras y su esquema de seguridad (que
incluye prevención de ataques terroristas con aviones);
cómo contactarse con una veintena de empresas de los países
más disímiles de todo el mundo; y, en suma, cómo
darle arranque y dejarlo funcionando bien, pues a ese servicio
se denomina la entrega de semejante máquina "llave
en mano".
Pablo Abbate es subgerente del área nuclear de Invap y
comparte con Juan José Gil Gerbino la conducción
del proyecto de Australia.
diálogo con "El Cordillerano", Abbate refirió:
"Son muchas las cosas que quedan en Bariloche. Para la empresa,
la principal es que podemos seguir trabajando en estas cosas,
cosa que parece obvia pero no lo es en esta crisis, en la que
día a día hay menos trabajo y posibilidades. Y como
esta gente vive en Bariloche, el impacto en la comunidad es directo".
Informó que el proyecto de Australia ocupa buena parte
de las instalaciones de Invap en Bariloche.
Los ingenieros mecánicos, químicos, electrónicos
y aeronáuticos; los soldadores, los expertos en materiales,
los proyectistas, los especialistas en soft y hardware, y todos
los empleados de este emprendimiento, se reparten entre tres edificios
de la firma en el centro de Bariloche, y el Centro Atómico,
donde emplazaron los talleres mecánicos del emprendimiento.
La contraparte australiana cuenta por ahora con sólo seis
personas de Bariloche, que se comunica a diario con sus compañeros
de la ciudad por teléfono y correo electrónico.
"Además hablamos con el cliente (el gobierno australiano)
dos veces por semana. Y también a diario tenemos comunicaciones
con empresas alemanas, rusas, francesas, húngaras, con
20 distintas de todo el mundo, con su idioscincracia e idiomas
particulares, con diferencias horarias y políticas... todo
es parte de un aprendizaje que nos pone en condiciones de gerenciar
un proyecto muy complejo, como pocas empresas pueden hacerlo en
el mundo", explicó Abbate.
En estos días, están abocados a la planificación
de la puesta en marcha de la central, para la que aún quedan
dos años. Eso implica tener en cuenta tiempos de fabricación
de las partes, su embalaje y despacho, trámites de aduana
en Argentina y Australia, y fiscalización de sus funcionamientos.
También trabajan en el entrenamiento de quienes van a operar
la planta, por lo que antes deben desarrollar complejos simuladores.
"Todo esto se hace en Bariloche y nos deja capacidad y conocimiento
para hacerlo siempre. Es como ponerse con la batuta al frente
de una orquesta muy compleja, y lograr que al primer gesto empiece
a sonar bien. Se trata de habilidades muy difíciles de
lograr. En suma, eso es tecnología", agregó
el científico.
Paso a paso
El desarrollo de Invap en Australia recién promedia sus
plazos.
En el país de Oceanía avanza la obra civil, mientras
en Bariloche diseñan y construyen las distintas partes
del reactor, sus computadoras, sus manuales de operación
y todo lo que requiere la parte de ingeniería nuclear del
emprendimiento.
A ocho meses de distancia, ahora están planificando la
primera etapa de la puesta en marcha. Entre otras demandas, este
paso exige la sintonía de más de 5.000 sensores
y su correcto funcionamiento.
Además preparan el entrenamiento del personal que operará
la central, para lo que deben redactar más de 400 manuales
de operación.
En agosto de 2005 se prevé que Invap entregará el
reactor funcionando debidamente, y para entonces habrán
pasado por Lucas Heights (la localidad en donde funcionará)
unos 60 barilochenses. Y acaso varios de ellos decidan continuar
allí sus futuros.
Por otra parte, además de aspirar a otros proyectos de
este estilo, Invap ya planifica montar en Australia una dependencia
para aprovechar este aprendizaje y estos contactos en la búsqueda
de nuevos negocios, que no necesariamente se relacionarán
con la industria nuclear.
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