El CAREM, propuesto por INVAP a la CNEA, es una central nuclear de baja potencia que por sus innovaciones pertenece al grupo llamado de cuarta generación. Dentro de las muchas propuestas tecnológicas de este grupo, por su tamaño y costo el CAREM es probablemente la opción más sensata para países en desarrollo que necesitan hacer sus primeros pasos en energía atómica. Y sin discusión, a fecha de hoy, es la que acumula más valor agregado en investigación y desarrollo.
El CAREM es un concepto dos generaciones más evolucionado que la mayor parte de las centrales operativas a fecha de hoy, las PWR (Pressured Water Reactors, Reactores de Agua Presurizada), y una generación más avanzado que las PWR avanzadas, o APWR (Advanced Pressured Water Reactors) hoy en construcción o iniciando operaciones.
Las diferencias del CAREM con estos sistemas son claras: en el CAREM el circuito primario carece de caños. Está integrado al recipiente de presión y solo posee pequeñas conexiones hacia el exterior. Esto restringe a un mínimo la ocurrencia del evento más serio en las centrales convencionales, el LOCA (Loss of Coolant Accident, accidente por pérdida de refrigerante).
Además, la seguridad operativa depende más de sistemas pasivos (dependientes de las leyes inmutables de la física), que de sistemas activos (dispositivos mecánicos potencialmente frágiles que requieren energía externa para su accionamiento).
Un ejemplo clarísimo de seguridad pasiva: en el caso de un evento LOCA, el núcleo del CAREM se refrigera con agua que cae desde un depósito más alto que el recipiente de presión, y sometido a la misma presión del primario. Se prefiere este concepto pasivo a la inyeccion forzada de agua por medio de bombas accionadas eléctricamente, que es el modo activo de lograr lo mismo. ¿Y por qué? Porque un sistema de inyección, por muy robusto y confiable que resulte, puede fallar, pero la gravedad, no. Brinda lo que se llama seguridad inherente. Y a menos costo.
Con una filosofía de diseño asentada en la seguridad inherente, la central en su conjunto resulta más barata por kilovatio instalado. En realidad, el concepto de seguridad inherente surgió en los 70 ante la necesidad mundial de seguir mejorando la seguridad de los PWR sin tener que pagar fortunas por sistemas redundantes crecientemente profundos, como fue típico durante décadas.
En un sistema de seguridad redundante profundo, si se rompe un mecanismo activo de refrigeración del núcleo, hay otro de reemplazo, y tal vez también un tercero por si se descomponen simultáneamente los dos primeros.
En un sistema pasivo inherentemente seguro, no hay mecanismos y actúa la física. Es el caso del CAREM en sus versiones de menos de 100 megavatios.
Otro rasgo notable del CAREM: los componentes de esta central pequeña pueden ser fabricados en grandes series, como piezas de un avión comercial, lo que puede bajar aún más sus costos de construcción.
Al comparar el CAREM con otros diseños de cuarta generación, surge que mientras la mayor parte de los fabricantes mundiales optó por propuestas de gran potencia (más de 600 megavatios) destinadas al Primer Mundo, la Argentina buscó otro nicho, más afín a su mercado nuclear histórico: los enclaves aislados y las redes eléctricas pequeñas donde no caben centrales grandes, situaciones típicas de los países en desarrollo.
Otros clientes posibles del CAREM son los países que quieren hacer sus primeros pasos en energía nuclear con una verdadera central nucleoeléctrica y no un reactor de investigación. De ese modo, el capital humano hiper-entrenado que necesita todo país para acceder a una economía nuclear pagaría rápidamente, con electricidad, los costos de su propia formación.
De la diversidad de situaciones que puede atender surge el notable abanico de potencias y diseños posibles para el CAREM: desde 27 megavatios, en su versión más sencilla, de refrigeración puramente convectiva, hasta 350 megavatios con refrigeración asistida por bombeo.
En todas sus versiones, el CAREM está regido por las ideas de Más pequeño, más sencillo, más seguro y más barato. Pero en este nicho de lo simple, la CNEA e INVAP ya no están solos: el audaz diseño del CAREM ha circulado durante dos décadas por diversos foros y congresos: inevitablemente, fue copiado por empresas poderosas de Corea (KAERI), Japón (Mitsubishi) y Estados Unidos (Westinghouse).
Sin embargo, la propuesta argentina tiene mucho más años de desarrollo conceptual que las de sus imitadores, y los combustibles del CAREM (amén de algunos otros de sus componentes y principios de funcionamiento) ya han sido objeto de testeo práctico en el reactor RA-8, construído para ese fin, así como en el LET (Laboratorio de Ensayos Termohidráulicos).
Con 30 millones de dólares ya invertidos en rediseños y comprobaciones, la Argentina todavía tiene un delgado margen de ventaja y está en condiciones de exportar quizás decenas de estas centrales... pero a condición de llegar antes que sus posibles competidores a tener un prototipo funcionando en su propio territorio.
Si esto no sucede, esta ventaja (y más de 20 años de trabajo de centenares de expertos) se perderán.
|
|