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A las 22:30 horas, en su pasada nocturna –la segunda
del día- el SAC-C
vuela sobre una Argentina generalmente
a oscuras. Pero el satélite tiene un “tercer
ojo”, hecho a propósito para no desaprovechar
ese vuelo sobre sombras: es una cámara de cuadro
bastante ancho (“lee” una tira de 700 kilómetros
de terreno) y con sensibilidad a bandas que van desde
la luz verde al infrarrojo cercano (450 a 850 nanómetros).
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Esta cámara permite localizar un foco incipiente de incendio
en campos o bosques alejados: en una zona perfectamente oscura
para una cámara común, aparecerá un píxel
brillantemente iluminado de luz infrarroja invisible para el ojo.
Los bomberos rurales, como la célebre Brigada Naranja
de Córdoba o los combatientes del Servicio
Nacional de Lucha contra el Fuego, podrán incluso
hacer “guardia de cenizas” sobre zonas apagadas, cuando
la tierra está todavía caliente, para prevenir rebrotes.
La cámara noctura del SAC-C
sirve para otras cosas: permite medir el uso de iluminación
en las ciudades, para ahorrar energía, vigilar las tormentas
eléctricas y estudiar las auroras polares.
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