Exitosamente en operaciones desde diciembre de 2000, el SAC-C
es el satélite más ambicioso jamás construído
en Sudamérica.
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Este aparato es un ejemplo casi único
de alta integración: en sólo 460 kilogramos
lleva a bordo tres cámaras ópticas de gran
utilidad para nuestro agro, industria y administración
gubernamental, y tres sistemas “de demostración”
de nuevas tecnologías satelitales (dos de control
y navegación y otro de recolección de datos
que se le transmiten desde estaciones automáticas
terrestres de monitoreo ambiental).
Además de las mencionadas cargas útiles, el
SAC-C alberga también
tres sensores puramente científicos (relevan parámetros
geofísicos, como el magnetismo terrestre o la humedad
de la alta atmósfera). A eso, añádase
un dispositivo para el mapeo de las migraciones de la ballena
franca austral que no está en funciones por falta
de información originada en el mar: a fecha de hoy
todavía no se han alojado los correspondientes transmisores
en animales de esta especie. |
Esta multiplicidad de instrumentos básicos y aplicados,
que comparten sin interferirse una misma plataforma mediana, fue
provista por cinco de los seis países asociados a la misión.
Este alto nivel de integración del SAC-C
llama la atención en otros países, porque resulta
poco frecuente que satélites de menos de media tonelada
de peso alberguen más de tres instrumentos. Dicha particularidad
técnica del SAC-C, que comparten
en menor medida otros satélites argentinos de la línea
SAC, logra que estas misiones sean
muy colaborativas y multinacionales, un modo inteligente de reducir
los costos argentinos de acceso al espacio.
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